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Yo nací en una familia muy generosa y  me siento orgullosa de eso. Mi abuelo, un hombre campesino, era una persona muy especial, de esas que creo ya no existen.  No era millonario, solo tenía un supermercado de barrio, dónde nunca faltó  “tinto” para compartir. Resumiendo, en alguna oportunidad se encontró un recibo en el piso. No era suyo, pero corrió a pagarlo por lástima; pensaba que su dueño no se iba a enterar y le iban a cortar el agua. 

Mi mamá me llevaba en la barriga, mientras coordinaba voluntarios de la Cruz Roja y organizaba ayudas para los que más lo necesitan. Pasó noches enteras empacando agua y mercados durante algunas tragedias como la de Armero. Mi papá no se queda atrás, si les contara que no hace mucho en su cumpleaños, nos sorprendió con un regalo a todos. No esperó a que nosotros se lo diéramos, él decidió agradecernos de esa manera por hacer parte de su vida. 

Mi hermano y mi cuñada, actores, donaron una función de una obra de teatro en el diciembre pasado a beneficio de unos niños abandonados.

Estas joyitas (literalmente) me han rodeado estos 30 años. Aprendí desde muy pequeña, la importancia de dar. Pero de dar con el corazón. A mi abuelo nadie le pagó probablemente el dinero con el que canceló el recibo. A mi mamá, nadie ha venido a agradecerle todos los pañales que bordó a mano para niños de bajos recursos o las sillas de ruedas que consiguió; mi papá, nos hizo felices, por encima de tratarse de una fecha en la que todos esperan recibir, nunca dar. 

En Recupera Tu Silla, (que me diga alguien si miento) hemos comprado colchones, cobijas y bicicletas para nuestros colaboradores que han llegado del campo con unicamente una maleta que normalmente dice “este lado arriba”. 

Yo solo trato de continuar el legado de mi familia, lo que llevo en la sangre y lo que aprendí desde niña. Inventé para eso muebles viejos que se trasforman en obras de arte a beneficio de diferentes causas sociales. Inventé un taller de oficios. Me las arreglé para cambiarle el chip a las empresas con el fin de que generemos empleo para quienes más lo necesitan. Tratamos de llevar muebles a hospitales y colegios de bajos recursos. Vinculé a muchas empresas para que nos apoyaran. 

Me han llamado loca o soñadora. Y francamente no me importa. Tampoco me interesa  si a la final cambio el mundo o no. Pero con que una sola persona haya tenido una vida diferente o un mundo más bonito gracias a nosotros, me hace pensar que mi abuelo, en algún lugar,  debe estar sonriendo y repartiendo tinto mientras me mira. 

Y tú, ¿qué historia tienes para contarnos?